El trabajo. No es que yo no trabajara. Si algo tengo que entender es que si he llegado hasta donde he llegado... me refiero, a mi edad y estando vivo, será porque algo he hecho bien. A día de hoy me mantengo, del modo que sea y dentro de unas posibilidades. A mi padre nunca le pedí mucho. Pese a que “nos lo daba todo”. Escucharle proclamar que nos lo daba todo implicaba en mi caso que solamente me atrevía a pedir lo justo como para esperar que él pudiera darme ese poco. Nunca recuerdo haber superado ese nivel. Es decir, nunca le pedí más de lo que podía dar. Nunca tuvimos paga semanal ni de ningún tipo. Se suponía que los padres tenían que darles todo a los hijos. Pero eso se traducía en que cada uno trataba de pasar con lo que se pudiese compartir. Y había competencia. Tres chicos seguidos. Siempre tuve dudas, acerca de medir mis propias fuerzas. Mi padre, en su papel de padre, era un estrepitoso fracaso. Trabajar con mi padre era un suicidio a ni...
lo bueno es enemigo de lo mejor